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LA VIDA CON MAYÚSCULAS

By 09/01/2018Sin categoría

Mi suegro tiene 85 años y es  una persona que desde hace años convive con el cáncer;  digo convive porque ha integrado esta enfermedad en su vida con una naturalidad extraordinaria, la cual sorprende a propios y extraños.  Especialmente a los propios nietos que consideran a su abuelo poco menos que un superhéroe.

Estos últimas semanas  su  deterioro ya es grande y ha dejado de hacer prácticamente la vida a la que estaba acostumbrado; además en muchos momentos vive un casi dolor insoportable por lo que se le  aplican todos los paliativos necesarios para que no sufra. A pesar de estas circunstancias tan terribles, mi suegro  mantiene la VIDA. Esa  VIDA con mayúsculas que le hace fuerte en la debilidad y le hace responder  “bien” cuando le preguntamos cómo está.  Esa VIDA que manifiesta agradecimiento, esa VIDA que sigue preocupada por las personas queridas, por sus campos en los que ha trabajado siempre, por seguir manteniendo en pie su dignidad, frente a una enfermedad incapacitante y que  puja por borrar todo aspecto humano, pero que sigue sin lograrlo.

Todos nosotros, especialmente sus hijos y nietos, estamos viviendo esta experiencia con una mezcla  de amor,  tristeza, admiración, orgullo y agradecimiento,  que formará ya parte de nuestro ser más profundo para  siempre. Él está muy  enfermo si,  y el cáncer, poco a poco, se adueñará de su cuerpo, pero tengo la certeza que nunca lo hará de su VIDA.

María José

3 Comments

  • feliciano dice:

    Sí, hay naturalezas fuertes capaces de soportar con fortaleza las enfermedades y dolencias de nuestros cuerpos, pero, la mayoría de las veces, afrontar la vida con entereza viene relacionado en las condiciones en que se hayan vivido los años; si el árbol se ha criado bien y se hizo fuerte en el yunque del amor a Dios, sus frutos al final son sabrosos y apetitosos.- ¡Ojala sea así siempre!.-

  • Rosa Mª Giner Llorens dice:

    Gracias M.José por este gran testimonio que nos has relatado.Testimonio de Vida en la enfermedad, de vuestro padre, al tiempo que testimoniáis vuestro amor de hijos y nietos.Un abrazo grande.

  • Carlos dice:

    Gracias María José me ha gustado muchísimo este relato que me invita a querer imitar a tu suegro. Tengo uno igual pero con Alzheimer que se ha ido perdiendo en la nubla … pero lo recuerdo en su estatura completa antes de este «accidente».

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