ESCUELA DEL CORAZÓN
Hace un tiempo, los miembros del grupo promotor español Por Un Mundo Mejor vivimos una experiencia de espiritualidad que para mí ha sido muy reveladora y transformadora a la vez.
La imagen que me queda es de un camino muy valioso y completo qué si lo consigues emprender, puede significar el inicio de una transformación real, significativa y definitiva en tu vida.
Una idea que me ha tocado en lo profundo es que solo con tomar la decisión interior de transformación en diferentes ámbitos de tu vida no es suficiente, que el cuerpo tiene que aprender para que no se quede en teoría lo aprendido. La traducción se ha de hacer visible.
Por otro lado, también constato que cuando vivimos demasiado desde la hiperactividad (entendida como hacer cosas), la inteligencia, la afectividad, etc. nuestro centro se sitúa fuera del corazón. Nuestra vida se escribe como un guion, que se forma a partir de los estímulos que nos llegan del mundo y desde el lugar interior respondemos a ellos.
Cada cosa que nos pasa provoca en nosotros respuestas en los diferentes niveles: respondemos desde los sentidos, desde la inteligencia, desde la afectividad o podemos responder desde el corazón. Si lo que nos llega de fuera no llega al corazón se queda en la superficie y desde ahí lo vivimos.
Me resultó muy revelador conocer los diferentes niveles desde donde podemos responder, porque conocerlos te hace más consciente y te ayuda a entender como impacta lo que nos llega, y a la vez, cómo nosotros afrontamos el mundo y lo que nos pasa desde los distintos niveles.
En estos momentos siento la necesidad de revisar como mi cuerpo tiene que aprender más a encontrar, a concretar y a hacer más tangible en mi vida la presencia de Dios y de su amor, para mirar como él miraba, escuchar como él escuchaba, tocar como él tocaba, acoger como él acogía.
Confieso que al plantearme mi espiritualidad me he sentido interpelada y desde el primer momento de la lectura de los documentos trabajados, he ido contrastando lo que leía con mi experiencia de búsqueda de Dios de toda una vida. Entiendo que en esa escuela del corazón me queda mucho por aprender, aunque ya he dado pasos en mi vida. Reconozco que muchos de mis movimientos se posicionan más desde los sentidos, por afectos, por ideas, movimientos que a veces son excluyentes.
Voy entendiendo que es un camino en el que queda mucho por transformar: En el primer aprendizaje ejercitarme en la contemplación, trabajar la interioridad, lograr que lo que me llega de fuera llegue al corazón y que no sea algo superficial, algo sin consistencia ni continuidad en el tiempo. En el segundo aprendizaje me planteo ¿Es bastante tangible en mi vida la presencia de Dios? El tercer aprendizaje se conecta con el segundo, es el “examen del día”, lo percibo como un medio muy valioso y que puedo incorporar a mi vida. Es un ejercicio que me da consciencia sin culpa, no se queda en el hoy, me muestra posibilidades mirando el mañana como nueva oportunidad para plantearme
¿Qué puedo hacer mañana para vivir más como Jesús?
María José Serrano




Desde el primer instante en que comenzamos a ser conscientes, algo en nuestro interior nos impulsa a afrontar la existencia con una actitud de búsqueda. Nos preguntamos: «¿Quién soy?», «¿Por qué estoy aquí?», «¿Hacia dónde voy?». No basta simplemente con existir; sentimos el anhelo de darle un sentido a la vida. Y en esta búsqueda de sentido, encontramos la idea de vocación: la vida como un llamado, como una tarea que debemos descubrir y asumir.
No es política es humanidad, ¿Cómo no se nos remueven las entrañas con el dolor infinito de hijos, de todas las edades, que pierden a sus padres asesinados por bombas o tiroteados cuando estos intentaban conseguir un poco de comida?¿O con el desgarro de padres y madres al sostener a sus hijos muertos entre sus brazos? ¿O con la desesperación de otros padres que cuidan a sus hijos enfermos, heridos o mutilados sabiendo que su joven vida esta en tiempo de descuento?
Hace unos días, en el marco de una actividad pastoral, tuve un encuentro con un presbítero. Al final de la celebración, aprovechamos para conversar y, casi sin pensarlo demasiado, lancé una pregunta directa: