Skip to main content

Mi experiencia de grupo

Me piden que narre mi experiencia de participar en grupo. Me quedo un poco asombrada, pero si vale para otras personas…  ¡compartamos!

Desde la primera comunión de mi hija acepté la invitación que se nos hizo a participar en un grupo de padres. Las charlas de preparación “nos había revuelto el corazón”. El grupo es una vez al mes. No es mucho. A veces la periodicidad impide la formación de un grupo “caliente”. Tiene, pues, sus desventajas. Pero tiene sus ventajas: estamos muy ocupadas y podemos llegar a lo que podemos, sobre todo en una ciudad grande, como es la que vivo yo.

Participar en un grupo de estas características exige que el grupo sea interesante, “lugar de riqueza”. Exige que encontremos en él algo de lo que el corazón busca. Muchas veces nos decimos: “Del grupo siempre sacas algo”; “nos vamos a casa más ricas y con el corazón más calentito”…

Mi experiencia es que en los grupos de amigas con las que salgo y en el trabajo, una no puede hablar con facilidad del “tema religioso” porque en seguida hay gente que corta, que se ríe o que te toma por “anticuada”. Para muchos, “lo religioso” no está de moda. Es un tema de conversación para acentuar lo negativo, los tópicos que circulan por el ambiente. De la Iglesia y de los creyentes se ve aquello que es noticia “escandalosa”. Se silencia lo mucho bueno que hacen gentes sencillas, la caridad que se derrama a favor de los más necesitados…

Aprecio, y valor, este espacio que el grupo me proporciona para hablar de lo que no podemos hablar en otros lugares… El grupo se convierte en un omento de “cultura”, de saberes… La mayoría de las mamás que circulan por el ambiente. De la Iglesia y de los creyentes se ve aquello que es noticia “escandalosa”. Se silencia lo mucho bueno que hacen gentes sencillas, la caridad que nos reunimos (hombres hay alguno por excepción) somos profesionales competentes en nuestro trabajo. Pero no podemos presumir de “competencia” sobre el Evangelio y el Credo que profesamos. Por eso el grupo se convierte en una “escuela de profundización” en la fe a la medida de nuestras necesidades, preguntas inquietudes… El goteo es uno de los métodos modernos de riego… Y es la forma con la que yo ahora me voy formando en la fe, en la oración, en la vida de la Iglesia, en interesarme cada más por lo humano como base para vivir la fe: gota a gota, reunión a reunión… Y una nueva realidad creyente se va creando en mí.

El grupo me abre a “otra manera de mirarme, de mirar la realidad, de mirar la Iglesia, de mirar el Evangelio”.

Encontrarme con personas caminando en la misa dirección, ayuda mucho. No hace falta que sean muchas. Basta encontrar un compañero de camino para que el camino sea más llevadero. Esto es lo que el grupo me está aportando…

Marta

Leave a Reply