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Pascua – Encuentro – Pasaje – Cambio

By 25/04/2022Sin categoría

Estamos celebrando la Pascua, el paso del Señor por nuestras vidas, hoy y siempre, Y la estamos viviendo en una sociedad muy convulsa y cambiante, y en una Iglesia en salida que intenta conectar con sus orígenes para afrontar este mundo en el que vivimos y del que formamos parte.

La pascua nos anuncia la resurrección de Jesús, no el que volvió a la vida, sino el Viviente que vive de otro modo y que tenemos que cambiar si queremos conectar con él y seguirle. Pero nos recuerda también, y eso si lo podemos constatar, el pasaje que dieron los discípulos y las personas más cercanas a Jesús, que puede ser un referente para nuestro pasaje.

Ciertamente los discípulos dejaron muchas cosas por seguir a Jesús. Convivieron con él largo tiempo, escucharon muchas veces su mensaje, pudieron percibir su actitud ante la vida, ante Dios y las personas y sus gestos de cercanía, sanación, compasión, misericordia, en definitiva otra manera de vivir.

Llegado el momento culminante de su vida, su detención como malhechor y con un político e injusto juicio, uno le traicionó, otro le negó y la mayoría le abandonaron, solamente su madre, algunas mujeres fueron testigos de su ejecución.

Pero ¿Por qué le abandonaron, le negaron o traicionaron? ¿Fue el miedo a ser detenidos como cómplices?

Algo de miedo debieron tener, pero el motivo fundamental fue su decepción ante el fracaso tan patente de Jesús. En el fondo ellos creían que Jesús sería el Mesías, que cual nuevo David, iba a unir al pueblo, derrocar al gobierno corrupto de Herodes, expulsar a los invasores romanos, devolver a Israel su antiguo esplendor y someter a sus vecinos al culto a Yahvé en el templo de Jerusalén.

Pero algo sorprendente sucedió en los discípulos ¿Qué pasó?

Ocurrió que, como suele suceder ante el fracaso, el conflicto, la pérdida…, puede convertirse también en una oportunidad, una puerta que se abre. Pero esa puerta la tiene que cruzar cada persona. Cada discípulo vivió su proceso para afrontar el trauma, la oscuridad que le había producido la muerte de Jesús. Sin duda cada discípulo tuvo que revivir todo lo vivido con Jesús y abrirse con sinceridad, sencillez y autenticidad al Espíritu que le habitaba e ir constatando cuales eran sus motivaciones e intereses e ir reconociendo que había amoldado la vida, obras y mensajes de Jesús, a su manera de ver, sentir, pensar y actuar. Y al ir encontrándose los discípulos fueron redescubriendo, fortalecidos por el Espíritu de Jesús, su proyecto, el sentido de su vida y misión.

 

En esta Pascua, también nosotros somos invitados a acoger el paso del Espíritu del Señor por nuestras vidas y hacer un pasaje, es decir, un cambio en nuestra vida. Sin cambio no hay pascua. Pero para encontrarme con el Espíritu de Jesús que me habita tengo que abrirme desde dentro yo, nadie lo puede hacer por mí. Me podrán ayudar, apoyar, testimoniar… pero soy yo el que tengo hacerlo desde mi situación peculiar.

¿Pero cuál es ese pasaje que tengo que hacer?

Cada persona en sus circunstancias tiene que concretar. Tal vez podamos trazar dos grandes interrogantes que nos puedan servir de marco orientativo para que cada persona concrete su pasaje.

El primer interrogante lo tomo del papa Francisco. ¿No llevamos, demasiado tiempo, aparcados en una religión convencional, externa y formal que ya no calienta el corazón, ni cambia la vida?

¿No tendríamos que hacer un pasaje, si queremos seguir al Espíritu de Jesús que nos habita, siendo más veraces, auténticos y responsables hijos e hijas de Dios; sentirnos hermanos y hermanas de todos los seres humanos sin excluir a nadie, ni siquiera a los que excluyen; tener cuidado de la madre tierra y trato preferente con los más necesitados; unas celebraciones más vivas y participadas…?

No olvidemos que este pasaje de fe-encuentro necesita estar permanentemente alimentada:

  • Por la contemplación de Jesús que consolida la adhesión hacia él.
  • Las obras de misericordia y justicia que nos confortan y reafirma en sus criterios.
  • La comunidad que nos contagia la fe porque al vivirla en común se fortalece.

 

Nacho

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