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Escuchar lo Cotidiano

LA VIDA NOS SALE AL ENCUENTRO

By Escuchar lo Cotidiano, ExperienciasNo Comments
Ejercicio de conversación en el Espíritu para cuidar nuestra interioridad

La vida nos sale al encuentro. Hace meses algunas personas, conocidas a través de la parroquia y ámbitos cercanos a nosotros, coincidían quejándose de la falta de tiempo, espacio y ocasión para pararse, relajarse y disponerse a tener experiencias que ayuden a ser ellas mismas y encontrar sentido a lo que viven. Esta necesidad, compartida también por algunos miembros del grupo promotor del MMM, la consideramos como una oportunidad para ofrecer la posibilidad de encontrarnos unos días, poder compartir juntos y animarnos mutuamente a vivir y a vivir coherentemente según el Espíritu de Jesús

Ante este desafío, que nos llegó por varios circuitos, hace tres meses lanzamos una propuesta de encuentro de fin de semana con un núcleo de interés que consideramos importante: CUIDAR LA INTERIORIDAD.

La tradición cristiana nos recuerda que Dios habla en lo profundo de la persona. Allí nacen los deseos más auténticos, las preguntas importantes, las decisiones significativas y la capacidad de descubrir el sentido de la propia vida. Y concretamos hacer un EJERCICIO DE CONVERSACIÓN EN EL ESPIRITU que nos ayude para cuidar esta dimensión interior ayudándonos a escuchar con atención, a reconocer las resonancias que surgen en nosotros y a descubrir la acción de Dios en nuestra experiencia cotidiana.

De una invitación generalizada a 45 personas, 18 personas salvando las circunstancias personales concretaron su disponibilidad para encontrarnos en el Centro de la Salle de Lliria, el fin de semana del 31 de julio al 2 de agosto. Los imprevistos de último momento redujeron al final el grupo a 15 personas.

Una primera aproximación a la propuesta fue un video corto “CUÁNDO LA PALABRA ABRE CAMINOS” y un segundo video que aportaba las claves necesarias para ”LA CONVERSACION ESPIRITUAL”.

El ejercicio que realizamos el grupo ha sido un itinerario con 4 pasos.

1.- EL ESPÍRITU SE MANIFIESTA EN LO QUE VIVIMOS

La vida interior comienza prestando atención a lo que cada uno vivimos. Dios se hace presente en nuestra historia concreta, en nuestras alegrías y preocupaciones, en nuestros deseos y búsquedas. Este primer paso es una triple escucha:

Escucharme: poner nombre a lo que vivo en mi experiencia de cada día. Por ello comienzo escuchándome a mí mismo. Partimos de nuestra propia experiencia personal.

Escucharnos: acoger la experiencia del otro. En la escucha mutua descubrimos que el Espíritu habla también a través de quienes caminan con nosotros.

Escuchar el contexto: mirar la realidad social y también eclesial que nos rodea. Cambian las formas surgen nuevas búsquedas. Escuchar evita responder a un mundo que ya no existe. 

2.- EL ESPÍRITU SE MANIFIESTA EN LOS TESTIMONIOS

Después de haber compartido como el Espíritu actúa en la vida cotidiana, nos adentramos en acoger los testimonios, dejar que el Espíritu nos hable a través de ellos.  El punto de partida: ¿Qué es lo que nunca debería faltar en una vida interior plena? Aquello esencial e irrenunciable que el Espíritu nos susurra internamente a cada uno

El testimonio del Evangelio. Los evangelios no son memoria de lo que pasó, sino testimonios vivos de vidas transformadas por el Encuentro de Jesús. En ellos descubrimos claves de amor, de autenticidad, de esperanza que iluminan nuestra propia vida.

Y por último el testimonio de hoy de como el Espíritu sigue actuando en nuestro tiempo, escuchar los testimonios de los que experimentan una vida interior plena nos permite reconocer que es posible.

3.- EL ESPÍRITU SE MANIFIESTA EN LO QUE ME PASA

Después de escuchar la experiencia, los testimonios y el Evangelio, volvemos la mirada hacia nuestro interior, prestando atención a aquello que en estos momentos sucede dentro de nosotros. Lo que se mueve en nuestro interior para discernir la presencia del Espíritu.

4.- EL ESPÍRITU SE MANIFIESTA EN EL SERVICIO

Toda auténtica vida interior transforma nuestra manera de vivir. Quien aprende a escuchar profundamente se vuelve más disponible para amar, acompañar y servir.

Finalizamos, después de la celebración de la Eucaristía, compartiendo la mirada de lo vivido desde el corazón.

Coincidíamos que la experiencia vivida el fin de semana nos ha resultado intensa. Todos los participantes manifestaban como entre todos hemos conseguido crear un clima de serenidad y profundidad personal que nos ha permitido compaginar los tiempos personales, para meditar y reflexionar a partir de lo que vivimos, con los momentos diversos para compartir.

Todos hemos destacado, como partiendo de la vida, al compartir nuestras realidades, dificultades y aspiraciones hemos ido descubriendo que el Espíritu de Jesús está presente en la vida cotidiana y como a través de los testimonios va dando respuestas a nuestras necesidades e inquietudes. En un clima de igualdad y de libertad, cada uno de los participantes hemos realizado junto al resto de personas este ejercicio. Un ejercicio que se traduce en experiencia personal, dado que cada uno tenemos nuestra vida propia y circunstancias concretas, pero al escucharnos con el respeto que cada uno merecemos, el Espíritu de Jesús se sentía presente. El itinerario, en cada uno de los cuatro pasos nos ha ayudado a descubrir como el Espíritu se manifiesta en la vida, en las personas y como también se mueve dentro de nosotros y al mismo tiempo nos ayuda a discernir aquello que viene del Espíritu de Jesús de lo que procede de nuestros intereses o motivaciones personales.

Cada cual ha manifestado el compromiso personal que adquiere para cuidar su interioridad con el deseo de que este proceso de mejora tenga como consecuencia mejorar las relaciones que nos trascienden y ayuden hacer nuestro espacio de vida mucho mejor.

Bernat Sanchis Botella

NO ES UN REGRESO, ES UNA SED

By Escuchar lo Cotidiano, Experiencias, Propuestas2 Comments

El desafío espiritual de nuestro tiempo

Después de muchos años acompañando procesos humanos y espirituales, me sigue sorprendiendo cómo, en medio de la prisa y la confusión de este tiempo, la sed de Dios no ha desaparecido. A veces parece escondida, disfrazada, expresada con nuevos lenguajes, pero está viva.

Lo veo actualmente, sobre todo, en los jóvenes: buscan sentido, comunión, belleza, algo que toque su interior. Esa búsqueda no siempre pasa por los caminos de la Iglesia, pero brota con fuerza en lugares inesperados: en la música de Rosalía, que mezcla lo sagrado y lo profano; en películas como Los domingos, que dejan ver una nostalgia de trascendencia; en los conciertos de Hakuna o en los retiros de Effetá y Emaús, donde muchos experimentan a Dios de una manera cercana.
Son experiencias distintas, pero todas revelan lo mismo: un deseo de una espiritualidad viva, libre y compartida.

Donde menos se espera: una nueva sensibilidad espiritual

Estas manifestaciones muestran un cambio profundo en la forma de vivir la fe.
La espiritualidad que emerge hoy es intensa, emotiva, festiva. Se busca sentir a Dios, vivirlo en comunidad, experimentar su presencia más que hablar de Él. La música, la estética y la fraternidad se vuelven mediaciones de una fe que se quiere auténtica. En un mundo marcado por el vacío interior y la cultura del rendimiento, esta espiritualidad ofrece un respiro, un espacio donde volver a pronunciar el nombre de Dios con alegría.

Pero también tiene riesgos. A veces es una fe más emocional que encarnada, con mucho brillo y poca carne. Se puede vivir como un refugio espiritual que da consuelo, pero sin comprometerse con el dolor del mundo. Falta, con frecuencia, una espiritualidad que se deje tocar por la realidad: por los pobres, los heridos, los descartados. Una fe que abrace la historia y no se encierre en la emoción del instante.

Más que regreso, es búsqueda

No creo que estos fenómenos signifiquen un “retorno” a la fe eclesial. Son más bien signos de una inquietud: el deseo de tocar algo verdadero, de reconciliar lo visible con lo invisible. No son la garantía de una nueva época religiosa, sino señales de que el alma humana sigue buscando. La cultura —con sus poetas, músicos y narradores— continúa formulando preguntas espirituales, aunque ya no en los lenguajes tradicionales. Busca autenticidad, belleza, comunión, pero no siempre encuentra en la Iglesia un espacio donde sentirse escuchada.

El Espíritu sopla donde quiere. Y puede estar obrando en estas búsquedas fragmentarias, despertando hambre de infinito. La tarea de la Iglesia no es capturar ese impulso, sino discernirlo y acompañarlo, dejando que la búsqueda se abra al encuentro con el Dios vivo, el Dios de Jesús, el Dios de la misericordia.

Escuchar sin triunfalismo, acompañar sin miedo

A veces, dentro de la Iglesia, se mira estos fenómenos con cierta ilusión: los jóvenes vuelven, los templos se llenan, la fe parece revivir. Pero esa lectura, aunque comprensible, puede ser una nostalgia engañosa. No todo lo que brilla es un renacimiento. Y no se trata de “recuperar fieles” ni de restaurar poder, sino de aprender a escuchar lo que el Espíritu está diciendo hoy.

La tentación clericalista de siempre consiste en convertir cada brote espiritual en una estrategia pastoral. Pero la fe cristiana no es marketing, es encuentro; no es prestigio, es compasión; no es control, es servicio.

Nuestra tarea es escuchar y aprender, no apropiarnos. Preguntarnos por qué tanta gente busca espiritualidad fuera de la religión y qué dice eso sobre nuestras formas de vivir y anunciar el Evangelio.

Fenómenos como Rosalía, Los domingos o Hakuna no son la tierra prometida del poder eclesial. Son oportunidades para abrir los ojos, para reconocer que el alma humana sigue sedienta, y que esa sed también nos interpela. Nos invitan a purificar la mirada, a dejar atrás la nostalgia del pasado y a recuperar la ternura de Jesús.

El papa Francisco lo dice con claridad: “Prefiero una Iglesia accidentada por salir que enferma por encerrarse.” (EG 49). El Espíritu llega antes que nosotros. Está ya en las plazas, en los conciertos, en las búsquedas anónimas. Nuestra misión no es “traerlo” sino descubrirlo, acompañarlo y dejarnos evangelizar por él.

Volver al Evangelio: La conversión de la mirada

Lo esencial, al final, no es volver atrás, sino volver al Evangelio. El futuro de la fe no depende de la cantidad de fieles, sino de nuestra capacidad de vivir la compasión. Ahí está la verdadera conversión: en dejar que el dolor del mundo nos toque, que la alegría del otro nos mueva, que el Espíritu nos desinstale.
Una Iglesia que acompaña con ternura, que escucha sin miedo, que sirve sin buscar poder, será siempre signo del Reino.

Estos nuevos movimientos y búsquedas nos recuerdan algo esencial: la sed de Dios sigue viva, aunque adopte lenguajes nuevos. Si sabemos escuchar con humildad, el Espíritu nos hablará a través de ellos. Y entonces comprenderemos que lo que parece un “retorno religioso” es, en verdad, una llamada a convertirnos y a discernir por dónde pasa hoy el Evangelio de Jesús.

Nacho

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